Vivimos en una sociedad en la que es cada vez más difícil transmitir el valor de la generosidad a jóvenes y pequeños.  Sin embargo, es este paradigma el que les ayudará a ser más felices.

Ayudar a las personas más allá de lo estrictamente “obligatorio” puede ser difícil. Normalmente se limitan a asumir sus propias tareas, pero no las de un tercero. Por ello cuando les pedimos que se hagan responsables de una tarea que corresponde a otra persona, pueden surgir una serie de preguntas y reproches:

  • ¿Por qué tengo que hacerlo yo?
  • Pídeselo a otro.
  • La culpa no es mía.
  • Que lo haga el que ha tenido la culpa.

Se dice que estamos en la generación de los egocéntricos y narcisistas, se trata de una generación que, por lo general, no tiene problemas en asumir sus propias obligaciones, pero les cuesta asimilar las ajenas. El voluntariado y la educación se dan con el prójimo lejano, pero no con el cercano. Es por ello importante fomentar el valor de la generosidad, tanto en los más pequeños como en los jóvenes.

En el caso de los centros educativos, es posible formar en estas actitudes a través de proyectos de trabajo cooperativo/colaborativo en las aulas, que les enseñen a apoyarse entre sí, independientemente del nivel académico de cada uno.

Este esfuerzo debe estar impulsado por el centro educativo y por los padres, para que se dé, no tan solo en las aulas, sino en casa y en su propia vida. Desde IVAPEC fomentamos el valor de la generosidad a través de distintas actividades con pequeños y jóvenes.

Escuela para Padres y Madres

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