ALEX, 2 DE FEBRERO DE 2017

En este post os hablamos de los comportamientos perturbadores, que se inician habitualmente durante la infancia. Estas conductas están caracterizadas por  ser negativistas o de oposición a la autoridad, tales como desafíos a los adultos, discusiones recurrentes en casa con los padres y en el colegio con profesores, comportamientos rencorosos, etc.

Existen, como en todo, factores de riesgo que propician la aparición de estos síntomas. Los que muestran mayor influencia son:

  • Problemas que han padecido o padecen los progenitores y que llevan asociadas conductas desadaptativas, como alcoholismo, conductas antisociales…
  • Relaciones y estructura familiar: familias desestructuradas o familias en que las haya conflictos habituales, divorcio o separación.
  • Estilos educativos de los padres: hábitos como uso excesivo de castigos y amenazas, falta de comunicación y rechazo.

El estilo educativo que se adopte puede resultar decisivo  para prevenir la aparición de estos problemas. Es necesario pensar que las acciones que se toman con los hijos siempre tienen dos dimensiones: el control y el afecto. Adoptar un estilo educativo democrático, en el que se hace manifiesto un equilibrio entre el control hacia los hijos y el afecto mostrado, puede que sea la actitud más acertada. Para ello, se necesita fijar las normas de antemano, establecer jerarquías en la cualidad de las normas y su cumplimiento, fomentar el diálogo y recurrir tanto a los refuerzos como a los castigos, aplicados siempre de manera que sean efectivos, sin abusar de ninguno de ellos.

Para inculcar el valor de la obediencia en nuestros hijos, es necesario que como padres, profesores y educadores adoptemos una serie de pautas a la hora de transmitir las indicaciones u órdenes:

  • Ser claros y concisos.
  • Ser comprensibles.
  • Usar un lenguaje adecuado a la edad.
  • Ser breves y coherentes.
  • No acompañar de contacto físico al transmitirlas.
  • Dar tiempo razonable para su cumplimiento.
  • Ordenar, de vez en cuando, instrucciones que sean agradables para ellos.
  • Aplicar consecuencias lógicas y ser cumplidores con los premios y los castigos.

Mostrándonos benevolentes y amables en la obediencia a la autoridad, ayudamos a nuestros hijos a ser mejores¡