Tras unas largas vacaciones, los niños y niñas tienen que volver de nuevo a sus tareas habituales: el colegio, los horarios, los deberes, las actividades extraescolares…

Llega el momento del reencuentro con los compañeros y compañeras de clase y de la separación de los padres para los más pequeños, a los que les ha llegado la hora de ir al colegio.

Para estos últimos, tanto para los padres como para los mismos niños, se convierten en días de gran angustia, el miedo a lo desconocido, a la separación, el llanto. Ante esta situación, los padres deben colaborar teniendo en cuenta las circunstancias y la edad del niño.

Conforme se acerca el inicio del curso, la madre y el padre han de hablar con su hijo del colegio, de lo que allí se va a encontrar, de las actividades que podrá realizar, los nuevos amigos que podrá hacer y con los que podrá jugar.

Es conveniente que, al menos los primeros días, los padres recojan al niño a la salida, ya que de esta forma refuerzan la seguridad del reencuentro en el lugar donde han de estar.

Por otra parte, para evitar que el niño llore y se sienta abandonado, las madres y los padres pueden entrar en las aulas unos minutos, hasta que esté distraído. Esto sólo será durante los dos primeros días. Después la madre o el padre debe despedirse del niño en la puerta del colegio, aunque esté llorando. No tardará en acostumbrarse a la nueva situación.

Cuando la adaptación al colegio ha sido superada, aparece otra pregunta sobre cómo utilizar el tiempo fuera de clase: las actividades extraescolares. Es otro tema del que muchos niños y niñas son “víctimas”, y que muchas veces supone una continuidad del colegio.

No resulta difícil ni poco común encontrarnos padres que intentan que sus hijos aprovechen el tiempo libre que les queda después del colegio: Inglés a las seis, informática a las siete, natación a las ocho, conservatorio los sábados,…

Aunque las actividades extraescolares tienen sus ventajas, ya que es in medio para complementar su formación, también tienen sus inconvenientes, sobre todo si pretendemos cubrir todos los huecos que a los niños les quedan libres.

Este afán por aprovechar todo el tiempo posible de los hijos nos les deja margen para algo tan importante como es jugar, divertirse, estar con sus amigos y amigas o con su familia. Por tanto, se ha de intentar que las actividades quiten tiempo de televisión en vez de quitarlo de juego o de convivencia familiar.

Por otra parte, los niños han de asistir a las actividades con ilusión, porque les gusten e interesen, pero nunca por obligación de los padres. Han de ser partícipes en la elección de las actividades. Éstos, deben interesarse por sus clases, yendo con frecuencia a buscarles o llevarles, preguntando a sus monitores y participando en los encuentros.

A veces la ilusión por estas actividades es de los padres, no del niño, que no se siente inclinado a este tipo de actividad. Hay que presentárselas y ver cómo responde. Ya tiene muchas cosas que debe hacer con mayor o menor gusto en el colegio, y eso es parte de un tiempo libre,… que elija él.

Cuando se exige demasiado a los hijos puede ser perjudicial. Es importante no programar en exceso a los niños. Hay que establecer prioridades, porque ha de quedar tiempo para jugar, divertirse, pasear, dibujar,…

En niños más mayores, la acumulación de actividades extraescolares o la dedicación que necesita para proseguirlas según van avanzando niveles, puede quitar tiempo real de estudio o puede que cuando el niño se pone a estudiar después de la clase extraescolar, de haber ido y vuelto a casa,… está suficientemente cansado para empezar con eficacia un rato de estudio, en que necesita sosiego.

Hay que fomentarles aficiones y hobbies, pero ha de ser algo que resulte grato y motivador para el niño, o acusará el cansancio a la hora del estudio. Se trata de racionalizar y a medida que van creciendo, ir reduciendo actividades, quedándose sólo con la que sea su verdadera afición, o bien dejarlo para los fines de semana.

Mar Sánchez Marchori

Directora del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa