Educar en el uso del dinero

¿He hablado con mi hijo/a sobre dinero? ¿Será correcto lo que le he dicho?

Estas y otras preguntas “naturales” evidencian en ocasiones, la importancia de hablar y educar en valores también en el tema del dinero.

En el momento actual, es necesario enseñar a nuestros hijos/as ser felices. Esto “incluye” que aprendan a hacer un uso de su inteligencia y su libertad, también en el tema económico como algo que forma parte su educación integral.

Tal vez en nuestras familias no se hablaba de este asunto, o se hablaba en exceso, pero en la sociedad en que vivimos, muchos de los bienes que nos rodean nos dan diferentes mensajes sobre el dinero que nos obliga a actuar al respecto y así, dejar claro que la cuenta corriente no es lo más importante en nuestras vidas.

Cada uno tenemos una personalidad económica que se define según la consecución, uso y administración que hacemos con respecto al “metal” que nos ocupa. También los niños/as, se relacionan con el uso del dinero de forma diferente, y es que las situaciones que experimentamos, producen a veces cierta incapacidad para afrontar la responsabilidad en este sentido. ¿Cuáles son los valores que queremos inculcar? ¿Qué hacemos concretamente para que aprendan a conseguirlo? Y es que, el asunto no es tener mucho o poco dinero, sino la actitud que tenemos, e inculcamos a nuestros hijos/as al respecto.

Buscar un momento de reflexión para pensar sobre nuestras reacciones y por qué, es interesante, ya que lo que produce verdaderos problemas es la diada ausencia de valores/exceso de dinero.

Las actitudes negativas originan una consideración de la riqueza como meta. Se quiere el dinero porque da importancia, porque significa poder o porque compensa algún tipo de carencia. La falta de éxito en la adquisición de dinero es considerada como un fracaso para algunas personas.

Las actitudes positivas frente al tema dinero lo sitúan en el ámbito de los medios, procurando quitarle carga afectiva. Al considerarlo como medio tiene un determinado poder adquisitivo y expresa los recursos materiales que se necesitan para cubrir necesidades propias y ajenas, con libertad hacia ello.

Son dos enfoques opuestos. En el primer caso, hay que ganar dinero como sea, porque las aspiraciones de la persona se centran en fines alcanzables de forma material. En el segundo caso, hay que ganar dinero, porque sin él no se puede vivir, pero la persona no lo utilizará como criterio básico para sus decisiones y actividades.

Los padres y madres pueden preguntarse a sí mismos como organizar los gastos familiares; cómo equilibran consumo e inversión; cómo canalizar el ahorro, cómo ser solidario con los que lo necesitan, etc… No hay una norma general, ya que depende del trabajo de los padres, de la ciudad y de la vivienda, del número de edades de los hijos/as, etc..

Es importante formar el juicio del niño/a, desarrollar su sentido crítico y llevarle a descubrir otras riquezas, sin valor económico, pero que, en definitiva, son las más importantes para ser feliz.

Desde los 3-4 años el niño/a puede ir adquiriendo sanas costumbres en lo que a los gastos se refiere. Depende de los criterios y de la perseverancia de los padres/madres al exigir con flexibilidad y no ceder ante todos los caprichos.

Entre los 5-7 años, el dinero es una cosa casi mágica que permite obtener lo que se desea. Es aconsejable observar la conducta de cada hijo/a en estas edades, a fin de ir responsabilizándole poco a poco.

Establecer una fecha periódica para darles dinero les permite ser más responsables de sus gastos. Cuando gastan equivocadamente es momento de comentar, a fin de que procedan con más acierto la próxima vez. Lo importante es hacerles pensar por qué han actuado así o cómo piensan actuar y por qué. La periocidad debe adecuarse a la edad y al modo de ser de cada hijo/a. A partir de los 7 años, la frecuencia puede ser de media semana, una semana, quince días, un mes.

El llamado “robo”, aparece en los niños/as de los 7-8 años, no debe ser objeto de dramas familiares. Se trata de estudiar las causas e intentar solucionarlo con sentido común. Esto incluye devolver lo sustraído sin humillación.

No es posible indicar cantidades de dinero, hay que revisar qué tipos de gastos hace cada niño/a de forma autónoma (pequeños obsequios…). Lo importante es la confianza que exista entre padres e hijos/as para pedir éstos lo que creen que necesitan y para negarles lo que consideren razonable negar.

En cada edad y en cada circunstancia, los padres/madres deben preguntarse qué metas educativas pueden conseguir con el uso adecuado del dinero, aparte de acostumbrarles a donarlo, gastarlo, a ahorrarlo y, cuando llega la edad, a ganarlo.

Una mala formación o la ausencia de una orientación en relación con el uso del dinero, permite que niños/as y adolescentes no actúen en esta cuestión de manera positiva en muchos casos por el capricho personal y por la influencia de un ambiente consumista.

La educación financiera debe empezar ya desde los primeros años. Si no han aprendido a actuar responsablemente en la infancia, difícilmente podrán afrontar con éxito las dificultades que aparezcan más tarde.

El buen uso del dinero permite también el desarrollo de la generosidad, la reflexión, la paciencia,… Estos valores si que no tienen precio!!