Las mascotas son un miembro más de la familia, por tanto, en la vida de la niña y/o el niño, se considera como un compañero de juego más, aquel que ayuda al menos en proceso de aprendizaje y desarrollo social y cognitivo.

Cuando la mascota fallece es importante ser claros desde el primer momento con el niño y/o la niña como actuar para que no ocasione problemas posteriores. Si el animal está muy enfermo, desde un primer momento hay que hacer partícipe a la niña o el niño de que está sufriendo un proceso del cual es posible que no pueda sobrevivir.

Es necesario responder a todas las preguntas que estos les puedan surgir, ya que pueden culparse de la pérdida del animal, acusar a la familia de la falta de cuidado o enfadarse con él ya que va a dejarles.

Cada niño o niña sufre diferentes procesos al igual que los mayores durante las fases del duelo, se pueden identificar fácilmente, pero pueden que no sigan una parte en especial y que se den fases aisladas hasta la posterior aceptación, entre ellas podemos identificar la negación, negociación, tristeza, ira y la fase final de la aceptación. Es importante identificarlas y apoyarles mediante el diálogo, es decir, es importante dejar que llore, permitir a la niña y al niño darse cuenta de lo que siente para así poder gestionar sus emociones y saber identificarlas, ya que pueden haber sentimientos diversos durante la fase del duelo.También es favorable no ocultar tus propios sentimientos y así poder enseñar con el ejemplo que llorar no es algo malo y que permite liberar todo aquello que retiene. Se tiene que sentir comprendido, acompañado, protegido. Y apoyado para que la fase del duelo y la posterior aceptación pueda surgir de manera natural y no forzada.

Además, no se debe plantear remplazar al animal por otro, ya que el nuevo vínculo que se pueda crear con la nueva mascota puede estar condicionada por el dolor que siente por la fallecida, y por tanto creara sentimientos de aversión y rechazo hacia el nuevo acompañante.

Hay que respetar su proceso y con ello, ser conscientes como la propia niña y/o el propio niño puede darse cuenta de cuando es el momento adecuado de volver a tener el sentimiento que tenía en un principio hacia la idea de tener una mascota.

En definitiva, hay que aprender a escucharles durante este proceso, hacerle sentir que es algo natural que ocurre. No menospreciar lo que sienta. Ayudarle a no ocultar sus sentimientos y si es necesario hacer partícipe al pedagogo familiar para que pueda organizar sesiones de reconciliación con ellos. Además, hacer partícipe al colegio sobre el acontecimiento para que puedan implicarse en etapa pasajera pero dolorosa.