Todos los padres y madres quieren a los hijos por igual, aunque es posible que determinadas actitudes provoquen o agudicen los celos infantiles.

En muchos casos, el primer hijo, al estar acostumbrado a ser el único y recibir el afecto y atención de padres y familiares, se puede sentir desplazado cuando aparece un hermano con el que debe compartir esas atenciones y afecto. En ocasiones, el hermano menor se siente menos privilegiado por no tener las concesiones que los padres hacen al mayor. Los hermanos que ocupan lugares intermedios en el orden de edad, suelen sentirse en segundo plano y buscan con más insistencia amistades fuera del núcleo familiar.

Los niños que tienen celos pueden mostrar una o varias de las conductas como signos de frustración: lloro frecuente y sin motivo aparente, momentos de tristeza, preguntas alusivas a sí se le quiere o no; negativismo: responder con un “no” a propuestas que antes aceptaba, a veces sin razonar; cambios en el desarrollo del lenguaje: habla infantil imitando el lenguaje del pequeño, repetición de palabras y frases, tartamudeo; poco apetito o sueño irregular.

Las disputas entre hermanos son un hecho natural e inevitable. En toda relación fraterna conviven instintos agresivos y amorosos, pero a medida que los hermanos se hacen mayores, la rivalidad va superándose dando paso a una mayor unión y amistad. Aprendemos a relacionarnos con los iguales gracias a nuestros hermanos/as, y esto nos facilitará la socialización. Uno de los problemas más frecuentes, deriva de la necesidad de compartir sus juguetes, sus objetos, y, por supuesto, el cariño de papá y mamá.

Los celos infantiles suelen evolucionar favorablemente en un plazo más o menos largo de tiempo. Podemos afirmar que se trata de un estado emocional característico de la infancia y muy, muy frecuente: prácticamente en todas las familias los niños pasan por una etapa más o menos larga de celos. Para prevenir que el asunto vaya a más conviene evitar los gritos y las descalificaciones; las atenciones y dedicación excesivas a unos de los hermanos; Comparaciones entre los diferentes hijos; trato irónico, o risa ante conductas inadecuadas; que el hijo mayor deba asumir en todo momento la responsabilidad del cuidado del hermano menor y evitar fomentar la competitividad entre hermanos.

¿Qué sería recomendable? Sobre todo, tareas en las que se fomente la cooperación entre los hermanos (en las tareas de la casa, recados, en situaciones de juego ..)  También se puede observar y reflexionar sobre las conductas celosas de nuestros hijos y reaccionar sin darles excesiva importancia.  Conviene tratar con afecto y atención frecuentes a los distintos los hijos/as para que perciban que son queridos.

Es importante favorecer el juego con todos los hijos (para lograr una mayor armonía entre los hermanos), así como promover un clima de sosiego y tranquilidad en todos los momentos posibles, todo ello respetando el espacio de juego e intimidad de cada hijo.

Por último, educar a los hijos en el control de sus emociones para aprender a soportar pequeñas frustraciones, alegrarse cuando las cosas van bien a los demás, responder ante situaciones adversas y sobre todo, enseñarles a querer a sus hermanos/As entendiendo que el proceso de los celos es natural en la mayoría de las familias con varios hijos!!

Mar Sánchez Marchori/ Mar García Sánchez

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