En este post os hablamos de situaciones que, como padres, madres y educadores, queremos intentar manejar con lógica, paciencia y siempre pensando desde el punto de vista del otro, pero no por el otro. Nos referimos a aquellas veces en que a nuestros hijos o alumnos se les presenta un problema determinado y, de manera casi inconsciente, somos nosotros los que les solucionamos la situación sin haberles dejado ni siquiera tiempo para reflexionar. Esta conducta, que es algo “normal” y la intención que tiene es, sin lugar a dudas, ayudar y proteger, está generando, aunque no lo percibamos en principio, un clima de seguridad en exceso va a incapacitar, a la larga, a nuestros hijos para que sean ellos mismos los que resuelvan los problemas.

Hay muchas vivencias dentro de la familia y la escuela que pueden resultar habituales. Como ejemplos podemos citar la dificultad de un hijo para integrarse en el grupo, o el carácter tan competitivo que muestra en general, olvidos de material importante para clase, etc. En todos estos casos, cuando los padres o educadores intervienen de manera directa sin profundizar sobre el tema, se consigue, en la mayoría de las ocasiones, es aumentar la dificultad, y, de algún modo, excusar a sus hijos atribuyendo el problema a los otros. Para evitar caer en estas prácticas, os dejamos algunos consejos útiles que podéis trabajar con vuestros hijos:

  • Tener en cuenta que cualquier dificultad que se presente va a ser una oportunidad para crecer en esfuerzo y superación.
  • Es necesario mantener una actitud de escucha activa y demostrarles que pueden contar con vosotros para que se expresen y sean capaces de narrar sus problemas.
  • Valorar el grado de dificultad que entraña el problema y la frecuencia con la que ocurre.
  • De cara al niño, lo ideal es incentivar el optimismo y la reflexión, de esa manera será capaz de tomar decisiones de manera más creativa y que supondrá mayor eficacia para dar solución al problema.
  • Tratemos de no culpabilizar a los demás de la situación que viven nuestros hijos.
  • No decidamos por nuestros hijos en ocasiones que ellos puedan resolverlo. Si actuamos de manera directa y cortando la situación de manera brusca, lo que vamos a generar es una sensación de mayor vulnerabilidad.
  • Démosles cariño y ayuda para tomar decisiones. Preguntarles a ellos directamente sobre las alternativas que consideran para resolver el problema.

 

Los problemas son algo inherente a la vida. La vida supone un aprendizaje constante, y enseñar a gestionar esos problemas es algo indispensable en la educación de nuestros hijos. Lo ideal es mantenerse siempre cerca y tratar de supervisar sus acciones. No debemos solucionar los problemas por ellos, ya que así están perdiendo una oportunidad única para aprender!!